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Utilidad Marginal Decreciente

6 meses después…

Michelle tenía mucho tiempo sin hablar con su amigo, por lo menos no más allá de un saludo. Había terminado su relación y se encontraba en una nueva disyuntiva: No sabía vivir sola y se aburría rápido de sus potenciales parejas.
En esa ocasión, en lugar del simple saludo messengeriano, decidió plantearle el problema a su amigo a ver con qué iba a saltar ahora.

Michelle dice:
Me siento mucho peor. No sé vivir sola y me aburro de todo el que conozco.
Amigo dice:
Y prepárate que ahora es que falta.
Michelle dice:
Explícate por favor.
Amigo dice:
Estás experimentando lo que yo llamo relaciones de transición, en las que aplica perfectamente el principio de Utilidad Marginal Decreciente.
Michelle dice:
Continúa…
Amigo dice:
Como siempre, voy a iniciar con el ejemplo clásico: Dime una comida chatarra que te guste mucho.
Michelle dice:
Que se yo ¿Wendys?
Amigo dice:
Perfecto… Imaginemos que tienes mucha hambre. Por la primera hamburguesa estás dispuesta a pagar un precio mucho mayor que por la séptima. ¿Simple verdad?
Michelle dice:
¿Y dentro del contexto?
Amigo dice:
En las relaciones de transición cuando ya no tienes hambre te aburres. Los primeros días puede que sean interesantes por la novedad pero después terminan viéndose como lo que realmente son: un medio para un fin.
Michelle dice:
Con fin te refieres a… ¿?
Amigo dice:
Al igual que en la Utilidad Marginal Decreciente, en las relaciones de transición no existe el análisis cuantitativo, es decir, para cada persona es distinto. Como detesto la relatividad improvisaré un poco…
Michelle dice:
Dale!
Amigo dice:
Estadísticamente…

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