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Infideliwhat? [ VII ]

Para comprender mejor la postura de Carlos en la descripción del Cornudo, sería bueno recordar el inicio de Las mil y una noches

El sultán Chahriar había descubierto la infidelidad de su esposa.  – ¡Oh Cielos! – Exclamó. – ¡qué vileza!, ¡Qué infamia! ¿Es posible que la esposa de un soberano como yo sea capaz de semejante bajeza? En vista de esto, ¿qué príncipe se atreverá a alabarse de ser perfectamente feliz? –

Le propuso a su hermano, el rey Chahzenan, lo siguiente: “Huyamos ambos del mundo; no hay en él buena fe; pues si halaga por una parte, por otra hace traición. Abandonemos nuestros Estados y el esplendor que nos rodea. Vamos a ocultar nuestra desventura en países extraños, y allí viviremos desconocidos.”
Aunque Chahzenan no aprobaba aquella determinación, viendo el acaloramiento de Chariar no se atrevía tampoco a contrariarla. Entonces le dijo – Hermano mío, ya sabes que no tengo otra voluntad que la tuya, y que estoy dispuesto a seguirte donde quieras; pero prométeme que volveremos en dado caso que hallemos alguno más desventurado que nosotros. – Chahriar aceptó (pensando que encontrar a alguien más desdichado era algo imposible) y se marcharon reservadamente.
No pasó mucho tiempo hasta que, conversando a orillas del mar, vieron salir del agua a un hombre de estatura colosal que llevaba sobre su cabeza una gran caja de vidrio, cerrada con cuatro candados de fino acero. [… Asustados], Chahriar y Chahzenan se treparon en un árbol.
El hombre depositó la pesada caja al pie del árbol donde estaban escondidos; la abrió con cuatro llaves prendidas en su cintura, dejando salir a una dama ricamente vestida y de cabal belleza. Hizo que se sentara a su lado y mirándola enamoradamente le dijo –Dama, la más perfecta de todas, mujer encantadora a quien robé el día de su boda, permíteme que duerma un rato a tu lado.- Dejó caer su cabeza descomunal sobre las piernas de ella y quedó dormido.
Entonces la dama alza la cabeza por casualidad, y descubriendo a los príncipes en la copa del árbol, les hace seña con la mano para que bajen calladamente. Estando ya abajo la dama se lavanta cuidadosamente, les coge la mano y habiéndose alejado con ellos, les hace desahogadamente una viva proposición, que desechan al pronto, pero que luego aceptan en vista de que amenaza con despertar al hombre.
Después de hacer con ellos todo lo que quiso, notó que cada uno tenía un anillo en el dedo y se los pidió. Se acercó a su caja de joyas y sacó una sarta de anillos de todas hechuras. Mostrándosela les dice:
-¿Sabéis lo que significan estas joyas?
-No- le responden.
-Son los anillos de todos los hombres que han participado de mis favores; tengo noventa y ocho que guardo para acordarme de ellos. Con igual motivo guardo los vuestros para tener el centenar completo; He aquí –prosigue la dama– que he tenido hasta hoy cien amantes, a pesar de la vigilancia y cautela de ese horroroso hombre que nunca me deja sola. Por más que me encierra en esta caja de vidrio y me tiene oculta en el fondo del mar, logro burlar sus desvelos. De lo que podéis inferir que no hay amante ni marido capaz de imposibilitar la ejecución de un intento ideado por una mujer. Mejor harían los hombres en no violentar a las mujeres; ése sería el medio de ajuiciarlas.

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