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Giacomo Casanova

2 de Abril de 1725 – 4 de Junio de 1798
Aventurero, escritor, diplomático y agente secreto veneciano.

Escribo para matar el fastidio y celebro complacerme en esta ocupación. 
Si desatino, ¿qué importa? Me basta estar convencido de que me divierto.”

La posteridad de Casanova se consumó en la escritura. Aun en sus variantes más resumidas y expurgadas, las Memorias son un ruidoso tratado de infracciones y costumbres. En gran parte, esta vitalidad se debe a una paradoja del oficio: Casanova sólo fue escritor por desesperación. Si hubiera podido continuar su tren de descalabros, no se habría molestado en escribrir. “El hombre acorralado se vuelve elocuente”, afirma George Steiner.
Todos sus amores ocurren a primera vista porque es un esclavo de la mirada rápida. Los pies le parecen tan decisivos como el remate de un poema y nadie lo supera en describir dedos apenas avistados, pero muy rara vez imagina un cuerpo.
Su biografía no se mide por cancelaciones ni oportunidades perdidas. Más allá de sus argucias para sortear obstáculos, resulta difícil encontrar en él un sentido de la preferencia. Incluso en el sexo actúa como si no hubiese alternativas; una mujer le gusta más que otra sin que explique su parcialidad. Con idéntica urgencia cambia de cuerpos y vocaciones: es abogado, alquimista, sacerdote, inventor de una lotería para Luis XV, espía, médium y profeta de extrañas religiones. 

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