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¿Dos o cuatro?

Después de tener una relación en la que importaba todo menos el futuro, cada uno se fue por su camino. No llovió mucho hasta que…

¡Maravilloso! Ella finalmente encontró un hombre con un proyecto de vida claro; no más verdades a medias ni improvisaciones de verano ni turismo intelectual. No, este parece tener la capacidad de decidir dónde y con quién quiere pasar las próximas veinte navidades. Sin peros ni complicaciones, ambos están de acuerdo en que el amor es simplemente otra parte de la vida; una actividad, como trabajar o hacer ejercicio. La nostalgia toca a la puerta.. knock knock… pero no hay nadie en casa; salió a cenar, a bailar, a tomar unos tragos… lo que hacen las personas normales.

¡Excelente! Él dio con una mujer dispuesta a compartir enemigos; de esas que dicen “nosotros contra el mundo, mi amor”; de esas que no duermen hasta estar seguras de que el insomnio ha dejado de molestarte. A él nunca le ha importado saber de dónde vendrá el próximo cheque o los próximos 1024 polvos, y su nueva mujer tampoco tiene tiempo para ese tipo de preguntas. Si nunca falta ni lo uno ni lo otro ¿Para qué joder? Cada día trae su afán. La nostalgia toca a la puerta… knock knock… y él, para tentar aún más a la suerte, la deja pasar y acepta escribir las líneas que le dicta.

Pasará el tiempo.
Las salidas serán cada vez más cortas para ella,
los enemigos serán cada vez menos interesantes para él.
Nunca serán infelices;
así les toque dejar dos
para no ser cuatro.

Imagen vía Life on Shuffle

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