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Unfinished business

 
Cuatro años después…

¿Quién es Michelle? ¿En qué parte del mundo se encuentra en este momento? ¿Qué piensa hacer con su vida? Son preguntas que El amigo de unos años atrás nos contestaría muy rápido, con total certeza… sin pedir disculpas por la sádica sonrisa que su ego desbordado lanzaba al escuchar ese nombre. […]

Aunque de entrada no parezca, esta no es una de esas historias en las que él termina siendo más humilde y ella más perra. Eso sería predecible y Michelle no quiere serlo. Es una historia tan exótica que soporta comenzar por la moraleja: el peor terreno para procrastinar es el que tiene que ver con cuestiones de seducción. Mañana no será más fácil.
[…] El amigo quería las respuestas, pero los tiempos cambiaron: Whatsapp no es una droga, te ven venir a más de 3000 kilómetros de distancia. Lejos estaban los días del Bbchat, maldito Bbchat, que se llevó con él esas noches en las que el arte de saber escribir la línea perfecta te llevaba al infinito y más allá. ¿Instagram? Entender a alguien a través de Instagram es lo mismo que tratar de entender cálculo viendo sólo resultados, junto con par de garabatos de mecánica cuántica: una especie de universo paralelo en el que las partículas pueden estar en dos lugares al mismo tiempo, todas las comidas son gourmet, las calorías no existen y, si te da la gana, puedes tener 100 días felices consecutivos. 
Algún lector pensará: “Excusas, excusas, excusas… cuál es la genialidad del amigo si no es capaz de iniciar un simple ataque”. Regresando al ajedrez, existen dos formas de ganar: Con un buen plan o sabiendo capitalizar los errores del oponente. ¿Oponente? Mujeres como Michelle siempre guardan uno. El amigo nunca había tenido la necesidad de desarrollar una oferta para competir, era más simple esperar… “en algún momento el otro moverá la pieza equivocada y ahí le tiro hasta el fregadero”. Pero en la liga actual de Michelle los errores eran demasiado escasos, esperar uno para entrar en acción era una estrategia igual de efectiva que rezar.
Después de estar con unas cuantas mujeres políticamente correctas, el amigo sabía muy bien que no funcionan por impulso; no obedecen ni siquiera al placer. Cada decisión debe pasar una exhaustiva lista de “checks” que, dependiendo del nivel social, religión y/o modelo a seguir, las hace parecer más fieles que el resto. Para Michelle siempre fue más fácil aferrarse a una causa perdida que sacrificar su ideal, aunque, como todas las de su tipo, de vez en cuando se disfrazara de abogada justificando una que otra noche fuera de libreto.
Cuatro años es una carrera universitaria, un gobierno… la cantidad de payasos suficiente como para que por simple ley de los grandes números haya encontrado el adecuado. Que El amigo no tuviera las respuestas no significaba que otro por ahí no corriera con mejor suerte.

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